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erdido en los
albores de la civilización, mucho antes de que
los arios invadieran la India trayendo su
cultura y su filosofía, florecía en el Sur de la
Península Índica el Tantra: la más auténtica
sabiduría hindú. Una filosofía, una visión del
mundo y una actitud religiosa con directas
implicaciones en la vida cotidiana... Así lo
desarrollaron los Dravidianos, naturales de la
región. Y así permanece aun, no obstante el paso
de los milenios y las embestidas culturales de
otros grupos. ¿Por qué nos interesa hoy el
Tantra? ¿Qué tiene para ofrecernos esta
ancestral filosofía y su contracara práctica,
las técnicas de Tantra Yoga? El interés de
Occidente por este conocimiento se basa en la
particular visión que tiene el Tantra sobre lo
masculino, lo femenino y la sexualidad. Todo el
Universo es explicado por esta relación de los
principios pasivo y activo, caliente y frío,
femenino y masculino. En la unión mística de
estos principios, reproducida terrenalmente por
el maithuna, la unión sexual entre el hombre y
la mujer, ve la realización de la creación. Pero
cuidado: el tantrismo, como toda filosofía de la
India, tiene un objetivo primario e
irrenunciablemente espiritual. Aun cuando
recurran a la herramienta del placer sexual (bhoga),
el hombre y la mujer tántricos están buscando
algo mucho más elevado: la realización total de
las potencialidades divinas encerradas en el ser
humano. La mujer, una diosa El hombre representa
al principio originario, Shiva, la pura
consciencia, quien saca de sí el universo a
través de su poder: Shakti. Ella es su
contracara femenina, quien desarrolla toda
actividad. Shiva es conciencia, origen. Shakti
es poder, acción. Todos tenemos ambos principios
en nuestra naturaleza, y el Tantra ve en cada
hombre a Shiva y en cada mujer a Shakti. Ambos
principios son inseparables, y allí está el
significado místico de la unión sexual. Shiva
reencuentra a su Shakti y toma de ella poder. Y
Shakti encuentra a su Shiva originario y recibe
de él el principio de la vida, la semilla
original, representada corporalmente con el
semen. El lugar que da el Tantra a la mujer en
la relación entre los sexos es principal y
activo. La expresión más patente es la posición
que ella adopta durante el maithuna o unión
sexual. Es ella la que domina, tomando el hombre
una postura más pasiva. Por lo general, él está
tendido de espaldas y ella disfruta de su pene
erecto rotando sobre él su pelvis, tanto y
cuanto quiere. Él debe estar preparado para
darle todo el placer que ella requiera,
controlando su eyaculación. Sin embargo, esta
actitud pasiva tiene en el fondo mucho de
control de la situación. Veamos cómo: "Ella (la
mujer, la energía femenina) es la que evoluciona
sobre el hombre durante el acto sexual, ella
extrae, lucha por extraer el semen masculino;
pero no ha de lograrlo cuando ella quiera, sino
que es prerrogativa del hombre soltarlo cuando
él lo decide." (1) Verdadera pareja "El Ser
Original, como veedor estático e imperturbable,
es masculino y pasivo; como energía dinámica que
se despliega de sí mismo, es activo y femenino.
Por ello en la ejecución del acto sexual
tántrico (el maithuna), el hombre adopta un
papel estático y la mujer un papel dinámico,
para homologar así el acto de la creación
cósmica... Shiva es la luz que ilumina y se
autoilumina. Y es, asimismo, el sol interior en
cada ser humano, la esencia ontológica, el
uno-sin-dos, el veedor inafectado. Para el
tantrik (practicante del Tantra), la mujer es la
diosa en forma carnal, otorgadora de poder.
¿Quién dentro de sí mismo no dispone de Shiva y
Shakti, a la espera de encontrarse en fecundo
abrazo de autorrealización? El verdadero
maithuna, la auténtica ceremonia sexual, es un
intento por, a través de la plenitud sexual,
hallar ese estado en el que Shiva y Shakti se
identifiquen". (2) También en este sentido la
visión tántrica propone una novedad sobre una
típica conducta sexual de dominio de uno sobre
el otro. Por un lado, la mujer es la Diosa que
lleva en sí la capacidad de crear, y a la cual
el hombre deberá satisfacer tanto como lo
requiera. Pero ella, a su vez, necesita de la
semilla original y no se saciará hasta obtenerla
de su Dios, el hombre. El semen es el símbolo
del poder creador original, que remite a una
energía inteligente, mental, más que a un
líquido del cuerpo. Como se ve, en el maithuna
tántrico ambos son dioses, ambos se veneran
mutuamente, ambos se inclinan ante el otro para
poder recibir lo que necesitan. Placer,
fecundidad, poder, amor..................
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